Toca Recuperarse – Tendón de Aquiles

En algún momento tenía que pasar…

¡Pero no pensé que sería tan pronto!

 

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Vamos, que me he lesionado. Otra vez. Que también es mala pata, y nunca mejor dicho. Esto me pasa por darlo todo en los saltos, que nunca ha sido mi fuerte y ahora voy a mis clases de Funcional, Body Combat o Body Attack como si no hubiera hecho otra cosa en mi vida. Y el saltamontes en la familia, creedme, no soy yo. Ni tampoco soy “La Mujer Biónica” (¿os acordáis de la serie? Dejo este link de la muchacha saltando que es tela de friki y también tela de antiguo).

El caso es que antes de plantearme lo de “triatletar”, no imaginé que tener el pie “equino” de nacimiento podría traerme complicaciones tan temprano. Un buen fisioterapeuta me informó que, de manera coloquial en su gremio, llaman “pie de bailarina” a la morfología de los míos. Que suena glamuroso, pero no. Parece ser que es algo común en muchos atletas que el pie llegue al suelo pasivo, de punta. Más aún si, por norma general, los míos lo hacen “sin armar” sobre el asfalto. Así que una de las cositas que estoy aprendiendo, además de la técnica de carrera habitual, es educarles para que mis salidas de runner me ofrezcan un resultado más o menos eficaz.

¿Esto en qué se resume? En una jodienda. Y permitidme que sea tan clara. Mis pies quedan ideales para posar en un anuncio de esmaltes, pero si el caso es calzar unas zapas, protestan. Si hay que ponerse unas aletas para unos largos en la piscina, protestan. Y si los tengo que meter en unas calas y llevarlos completamente en horizontal para que el movimiento aerodinámico y el “bla bla bla” que exige una buena pedalada sea eficaz, protestan.  Y encima me dejan dolores en las tibias.

Visto así, tenía como Triatleta menos futuro que Algarrobo en Melrose Place. Pero yo no iba a cejar en mi empeño. Así que empecé a hacer ejercicios de refuerzo de rodillas, tibias y tobillos. Me empecé a venir arriba y al mes de comenzar en el gym ya me picaba el gusanillo de las patadas circulares, el Muay Thai, algunos golpes de boxeo y la quemada de calorías bestial del Attack. Pero a principios de junio una mala recepción de un salto me hizo “zaska!” y sentí que mi tobillo se hinchaba como si fuera un pez globo. Esguince sobre maleolo en el pie izquierdo. 10 días sin actividad. ¡10 días! Y subiéndome por las paredes. Porque una de las cosas que tiene el deporte (y esto lo sabes), ¡es que engancha más que el novio!

Pasada la semana y media, volví a mis entrenos poco a poco. Pero ya mi pie derecho había ejercido de hermano mayor y, con tal de proteger a izquierdo, se había sobrecargado. Algo de lo que no me cosqué hasta hace un par de semanas, que empecé a levantarme con la parte trasera de mi tobillo algo inflamada. Un dolorcillo mínimo que, como se iba conforme transcurría la mañana, pues ¡au!. Pero del ¡au!, pasó al ¡riau riau! cuando en una escapada por Córdoba estuve caminando y haciendo kilómetros con Alicia. Fue calzarme los taconcillos de pibón para salir por noche y un calambrazo agudo me recorrió el tendón. ¡Copón, si duele…! Admito que no se acabó la fiesta (de hecho, nos divertimos muchísimo y nos reímos aún más) pero, a la que volví a casa del finde molón de chicas, me tuve que poner seria.

Y seria es dejar de correr. Excusa un poco exagerada, porque yo ya sé que no me gusta trotar por asfalto (por montaña ya es otra cosa). Creo que no hacía falta autoconvencerse así…

El planteamiento ahora es básico: hay que hacer reposo para que se cure. Aquí los milagros a Lourdes. Yo no quiero tener cronicidades de ningún tipo y puedo esperar a que llegue el momento del estreno en 2018. Con todos mis músculos en en TOP. Por tanto, estoy mimándome más que mi propia madre. Toca aplicarse frío de 2 a 3 veces al día. Automasajear la zona, que de algo me tiene que servir mi formación en Shiatsu. Tomar antiinflamatorio, que en mi caso es uno natural: harpagofito. Y de manera muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuy suave, pero muuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuuucho, natación y bicicleta.

Si, por el motivo que sea, a ti también te ha tocado la diana fácil del tendón de Aquiles, voy a compartir contigo como si fueran secretitos de alcoba una serie de ejercicios que he encontrado en el bienaventurado y maravilloso mundo del Youtube (#RobertoJunquera e #ÍñigoJunquera son los artífices de los mismos). No tengas prisa y nos vamos contando. ¿Vale?

 

¡¡¡Trienjoy!!

 

 

 

 

 

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4 Comentarios Agrega el tuyo

  1. D.Corleone dice:

    Que placer leerte! (aunque yo empecé siendo fan de tu voz :D)
    Con los años he aprendido que las lesiones le dan más valor a nuestros logros y en el proceso de recuperación esa es la mayor motivación. Mira el lado positivo, todo es por tener pies bonitos. Yo en cambio tuve una fascitis plantar y mis pies son dignos de un hobbit!

    Como tú bien has dicho, muuuuy suave y disfrutando del proceso que el 2018 es tuyo!

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    1. Rocío Moreno dice:

      Es curioso: de fan a fan y tiro porque tritoca, ¿no? ¿Ahora quién admira a quién? Un abrazo cargado de cariño. Y mil gracias por tus consejos. =)

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  2. José Luis dice:

    Vaya, cuánto lo siento, Rocío! Aunque conociéndote (metafóricamente hablando) seguro que la recuperación de ese tendón lo conviertes en tu proximo reto… Vamos, ni que lo estuviera viendo! 🙂 Me ha encantado eso del Algarrobo, jaja…

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