Espacio Cero

Han sido más de dos meses.

 

Dos meses de parón. De silencio corporal. De la nada. De comprobar cómo la definición muscular iba desapareciendo. De perder fuerza. De pinchazos, sobre todo de aquellos que no tienen nada que ver con el físico.

Y de aprendizaje. Del mejor aprendizaje de todos: el mío. Como Rocío y como personita que está en el mundo, rondando de aquí para allá. Conociendo a otras personitas que también rondan. Descubriendo por qué el cuerpo en ocasiones chilla o se desgañita; cómo lo dice todo sin callarse nada.  De tener más claro que nunca por qué quiero seguir en este camino como el primer día que me dio la “volaera”, que dicen en mi Málaga natal.  De sentir la gratitud en mis venas, en las arterias.

En el corazón, sólo grandeza.

Y aunque en este post parezca que no hablo de lo netamente deportivo, voy a intentar explicar lo que (para mí) hace grande al deporte: del tipo que sea, al nivel que consideres, y siendo quien eres…

 

pexels-photo

 

¡¡Hace ya bastantes años, 8 ni más ni menos, retomé mis ganas de sentir cuerpos!! Que nadie se me lleve las manos a la cabeza, porque únicamente hablo de expresar a través de mis manos. Así el masaje, el shiatsu, la reflexología o la medicina tradicional china se instalaron en mi vida. Y más “cosicas”. Como observar: mirar y sentir con tranquilidad cada una de tus, mis, las fibras. No sé si te vibra esta afirmación, pero tu cuerpo habla de tus emociones. Las que ves claramente y las que escondes. Cada dolorcillo puede explicarte hacia qué lugar te diriges, qué te molesta y qué te inquieta.

Las piernas, símbolo mágico de hacia dónde queremos ir, no se quedaban mudas. En mi caso, con una lesioncilla que durante 70 días me ha hecho reflexionar. Reflexionar no sólo de mi entrenamiento, de los objetivos que deseo marcarme, de todo el trabajo que queda por delante, de no tener ni idea de cómo hacerme con todo el equipamiento sin apenas recursos… No: reflexionar SOBRE TODO de quién soy yo. Pero quién soy realmente.

Puede ocurrirte, a ti que me lees, que detectes que las lesiones son habituales en alguien que expone su cuerpo. O en alguien que comienza hasta que su físico se le aclimata. Nadie lo niega. Pero si vamos un poquito más allá, descubriremos que hay entre líneas algo más: un descanso que no nos damos, sobrecarga a niveles personales que nunca nos paramos a pensar y valorar… ¡qué sé yo! Y entonces es el propio cuerpo el que nos detiene. Porque ES IMPORTANTE que lo hagamos. Y porque nos quiere enseñar algo más, generalmente de nosotros mismos.

A mi favor, diré que este 2017 está siendo de un aprendizaje maestro. Estoy sacando lo mejor de mí y se está proyectando de algún modo a mi alrededor. Sin embargo, aún existían flecos poderosos de ira y desengaño profundo que venían de muy hondo: sutiles, apenas perceptibles, que han despertado al experimentar ciertas vivencias aquí y ahora. Descubrirme mirando de frente, sin miedo, esa porquería latente en mí, me ha llenado de cariño algunos rincones que estaban oscuros de puro capricho. Y eso ha sido posible únicamente porque mi cuerpo, que tanto me quiere, me ha dicho: ¡hasta aquí, Ro! Y lo más importante: he querido hacerle caso.

Así, cuando después de un mes de dolores intensos en periostio, talón, soleo y gemelos, de atiborrar el gaznate a harpagofito y de sesiones de masaje deportivo sin resultados, probé la opción más dolorosa… No en el sentido físico, sino en el de investigar qué podría haber (emocionalmente) detrás de todo esto. Un trabajo poderoso en las fascias a través de las manos de Vanesa (Fisioterapia Nexus), me hicieron recuperar el equilibrio interno que había perdido y que venía… ¡¡¡desde mi cresta iliaca derecha!!! Dos semanas más tarde era Helene, cuyos potentes conocimientos de osteopatía e intuición me permitieron hablar de tú a tú con mi cuerpo, reconectando así con un miedo profundo:  el miedo al avance. Que ahora es un avance sola… pero acompañada. Un miedo atávico que había estado esperando a ser sanado después de muchos “peroquemuchos” años.

¿Qué quiero decir con todo esto?

Que retomo camino en 3 días. Esta vez, ¡¡¡llena de ilusión!!! De confianza. De tener cristalino que no tengo que demostrar nada a nadie, sobre todo a mí misma. De no dejarme llevar por avances de otros u otras e intentar cumplir esos mismos objetivos. De disfrutar en cada zancada (si puede ser en montaña, mejor). De sentir el agua en cada brazada (si puede no ser en los pulmones, mejor, jajajajaja). De reír: reírme mucho. De compartir: compartir más. Más quedadas, más gente, más de charlas con gente que empieza, con gente que ya lleva y con los que veo como casi “pro”.  O con los “descerebráos”, que también existen. 😛 Más opciones de ponerme a prueba: pero solamente a mi capacidad de alegría. ¡Divertirme, corcho! ¿No era por eso que había comenzado en esto?

Ahora que sé que mi genética me acompaña y que puedo estar de nuevo en “la tónica” en unos 60 días (aprox, ¿eh?), voy a hacerlo bonito. Lo más bonito que sé. Y no sólo a nivel deportivo: mi visión de la vida, con aún más magia. Mi relación con los demás, con aún más humildad. Mi voluntad, aún más fuerte. Mi vocación, puesta en marcha.

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Lo más increíble de tocar los botones de las lápidas emocionales que llevaba encima sin saberlo, ha sido tener el coraje suficiente de mirarlas cara a cara: con coraje y un par. Trabajar mis miedos más profundos, los sutiles pero con mucha raíz, han dejado salir la mejor versión de mí misma. Y sin que suene a egolatría: me he enamorado. Estoy felizmente enamorada de mí. De quién soy. Y de todas las cosas, momentos y personas que me trajeron hasta este momento de mi vida. De cada piedra y cada trampolín.

Hablando de trampolines: he cogido impulso… estoy saltando. Quizás en este salto llegue a Camboya, Thailandia o Costa Rica. Ahora, esta vez me cogeré de la mano. Y me comprometo a que nunca-nunca-nunca me la volveré a soltar.

Según la física cuántica (y tirando un poco de metáfora) el momento en el que estoy le llaman algo así como “espacio cero”: un lugar donde no hay dualidad. Todo es neutro. Esto es: TODO es posible. ¿Sabes por qué?

 

Porque el verdadero motor de (precisamente) todo

es el AMOR.

 

El gordote. Que implica el romántico, desde luego… Y otros tantos más. Y los supera, los acrecienta, los dispara llenos de confeti. Y te llega a ti, a mí y a Rita la Cantaora’.

La tarea ahora está en “tripasar” por cada disciplina con AMOR del bueno: ésa será mi máxima. Y espero que también la tuya. ¿Por qué no, verdad?

¿Tú qué opinas?

 

TRIenjoy!!!

 

 

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